LA CONFIANZA EN EL DEPORTE
- Uxue Berruete
- 9 jun
- 2 min de lectura
En el deporte es habitual escuchar frases como: "No tenía confianza", "No me veía capaz" o "No me he atrevido porque pensaba que no me iba a salir". Muchas veces hablamos de la confianza como si fuera una característica innata: algo que algunas personas poseen y otras no. Sin embargo, la realidad es muy diferente.
La confianza no es una variable fija ni innata, sino una variable psicológica que puede trabajarse, desarrollarse y modificarse a lo largo del tiempo.
Podemos entender la confianza como la percepción que tiene un/a deportista sobre su capacidad para afrontar con éxito la situación que tiene delante. Esta percepción se construye a partir de varios elementos. Por un lado, de la valoración que hace de sus propias habilidades y recursos. Por otro, de cómo interpreta la situación a la que se enfrenta.
Y aquí encontramos un aspecto clave: la confianza no depende únicamente de las capacidades reales que posee una persona, sino también de si percibe la situación como un reto o como una amenaza. Cuando un deportista interpreta una competición, un entrenamiento o un objetivo como un reto, es más probable que movilice sus recursos y actúe con determinación. En cambio, cuando lo percibe como una amenaza, aparecen más dudas, inseguridad y conductas de evitación.
Uno de los errores más frecuentes es pensar que primero debemos sentir confianza para actuar. En realidad, el proceso suele funcionar al revés.
La confianza no aparece mágicamente antes de hacer algo. Muchas veces se desarrolla precisamente después de actuar. Para ganar confianza es necesario exponerse a situaciones que generan incertidumbre, incluso cuando todavía no nos sentimos completamente preparados/as o seguros/as.
Es a través de la experiencia como obtenemos evidencias sobre nuestras capacidades. Cuando nos atrevemos a actuar, descubrimos que somos capaces de hacer más cosas de las que pensábamos o que, aunque no obtengamos el resultado esperado, el desempeño no ha sido tan negativo como anticipábamos. Cada una de estas experiencias aporta información valiosa que ayuda a fortalecer la confianza. Es importante remarcar que para que se de lo mencionado en este párrafo, las expectativas tienen que estar ajustadas.
Por ello, esperar a sentir una confianza total antes de afrontar algo no es muy viable. Si solo actuamos cuando nos sentimos seguros/as, limitamos nuestras oportunidades de aprendizaje y crecimiento. La confianza se construye actuando, probando, equivocándose, ajustando y volviendo a intentarlo.
En definitiva, la confianza no es un requisito previo para la acción, sino una consecuencia de ella. No se trata de nacer con más o menos confianza, sino de desarrollar experiencias que nos ayuden a construirla.

Comentarios